SOCIEDAD

Presentación del libro de José Luis Heras ‘El caso Bankia y algo más… o menos’

Miércoles 22 de octubre de 2014



Señoras y señores:
Cuando José Luis, me propuso que le presentara el libro que nos convoca esta tarde aquí ‘El caso Bankia y algo más…o menos’, por sugerencia de mi compañero de Televisión Española, Alfonso Díez, que confía demasiado en mis conocimientos no sobre finanzas, que no los tengo, sino sobre los avatares del mundo financiero español, lo acepté inmediatamente.

Pensé que me daba la oportunidad de comprobar con un caso de libro, si nosotros podíamos ser un ejemplo de lo que denuncian en otro libro que estaba leyendo en ese momento, ‘Por qué fracasan los países’ de Daron Acemoglu y James A. Robinson. Para mi desgracia, para nuestra desgracia, José Luis Heras, viene a demostrar a lo largo de las 332 páginas de su documentada obra lo que Acemoglu y Robinson teorizan en la suya. Tanto parecido existe que al capítulo ‘17.6 Una visión no jurídica de la avaricia social supuestamente inocente’, pareciera que se lo hubieran titulado los intelectuales americanos.

Estos dos economistas, se hacen una pregunta muy sencilla. Por qué unos países son pobres y otros ricos. Su conclusión es clara y nos va a sonar muy cercana.

Aseguran que porque los países pobres han sido gobernados por una reducida élite que ha organizado la sociedad en beneficio propio a costa de la mayor parte de la población. El poder político se ha concentrado en pocas manos y se ha utilizado para crear una gran riqueza para quienes lo ostentan. Ponen el caso concreto de Egipto, país que estaba en los momentos iniciales de su revolución de primavera, mientras ellos escribían el libro. Y denuncian que su expresidente, Hosni Mubarak, habría acumulado una riqueza de unos 70.000 millones de dólares, mientras miles de ciudadanos mueren de hambre cada día.

En cambio Estados Unidos o Gran Bretaña se han hecho ricos porque sus ciudadanos derrocaron a sus élites que controlaban el poder y construyeron una sociedad en la que los derechos políticos estaban mucho más repartidos, en la que los gobiernos deben rendir cuentas y responder a los ciudadanos y en la que la gran mayoría de la población podía aprovechar las oportunidades económicas. Es un largo proceso. En el que nosotros estamos inmersos. Las últimas iniciativas legislativas del Gobierno sobre la Ley de transparencia o la más reciente adoptada el pasado viernes sobre el plan de regeneración democrática, irían en este sentido.

Mientras entra en vigor la futura ley de la actividad económica y financiera de los partidos políticos, que prohibirá que reciban donaciones de personas jurídicas y que los bancos les condonen sus deudas, todavía seguirá vivo durante mucho tiempo las consecuencias del caso Bankia donde tan entrelazadas están la vida política, el amiguismo, y la designación de personas para realizar funciones para las que no estaban preparadas, como con todo detalle describe José Luis en ‘El caso Bankia’.

Lo han admitido ellas mismas en sus comparecencias ante los tribunales, el Congreso de los Diputados, o los parlamentos autonómicos donde se han realizado comisiones de investigación.

Los mail que hemos conocido en los últimos días que se cursaron entre el ex presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, y políticos de la Comunidad madrileña, poniendo como argumento central para la designación de una consejera que ‘lo mandaba la jefa’, no pueden por menos que producir rubor e indignación. Lo más graves es que el caso Bankia no es el único. Por lo que hemos sabido de la gestión del resto de cajas de otras comunidades autónomas, no son muy distintos.

Pero el tamaño de la crisis de Bankia supone un dato añadido a su gravedad. Bankia, además de la desesperanza, angustia, e incluso ruina, que ha generado en quienes confiaron en sus gestores, en los beneficios de comprar preferentes o algunas acciones, cuando decidieron colocarla en bolsa, es la evidencia más palpable del abuso que han cometido una serie de responsables de la clase política y de sus gestores, ‘agentes del desastre’, como José Luis desmenuza a lo largo de las páginas que comentamos.

El libro, ‘El caso Bankia’, del que José Luis explicará porque hay ‘algo más…o menos’, además de las cuestiones que a Vds. les interesen, es un acierto. Va dando al lector a través de sus 20 capítulos todas las claves para que nadie se pierda en este entramado de denuncias, querellas y peticiones de amparo al Constitucional.

El caso Bankia ya ha iniciado el lento deambular característico de los procesos judiciales, y le queda mucho recorrido por delante. Como explica José Luis, recogiendo fuentes de la Fiscalía, resultará muy complicado poder atribuir a los querellados, delitos específicos recogidos en nuestro código penal. Lo verá descrito el lector que se adentre en la obra en la que se dedica mucha atención a las debilidades de las denuncias y al desarrollo del proceso.

Pero no se queda solo en ello el autor. Además de reflejar los vicios que han llevado a la inadecuación de los nombramientos de los administradores, la falta de control de las decisiones de los máximos o máximo ejecutivo de Caja Madrid, germen de lo que Luis Balcarce denomina el abuso financiero más importante de la España reciente, se reflexiona sobre lo que hubiera sucedido si se hubieran adoptados medidas preventivas como hicieron otros países.

Me refiero al capítulo 14 sobre el Banco Malo. Como tantas veces hiciera el ex presidente de la CECA, José Ramón Quintás, en sus comparecencias en el Congreso de los Diputados, España debería haber aprovechado las propuestas de otros países para beneficiarse de sus ventajas. Quienes decidieron acudir al principio a las instituciones comunitarias, con la creación de un banco malo entre otras, no tuvieron que aceptar condiciones como las que finalmente tuvo que aceptar España cuando solicitó el rescate para su sistema financiero. Me refiero a las condiciones impuestas en el Memorando de Entendimiento.

Pedro Solbes ha obviado en su libro ‘Recuerdos’ las propuestas que algunos destacados representantes de bancos de inversiones le hicieron en su momento. Me comentaba a mí uno de los que visitó al entonces vicepresidente del Gobierno, que Solbes rechazó la propuesta por exceso de complejidad. Lo complejo es en lo que estamos ahora.

La creación de un banco malo antes de la explosión de la crisis, aprovechando que lo habían pedido otros países influyentes de la Unión Europea, debiera haber facilitado la resolución del problema principal de la crisis financiera española, el lastre de todo el sector del ladrillo como sugiere en sus capítulos finales, José Luis, Interrogantes y Perspectivas de Futuro.

La reincidencia de las crisis financieras en nuestro país, la más importante es la que analiza José Luis, sin cuyo aporte de liquidez les resulta imposible funcionar a las pequeñas y mediana empresas, que generan más del 90 por ciento del empleo privado en España, nos hace comprender por qué fracasan algunos países.

Podría concluir antes de dar la palabra a José Luis, con los versos con los que Augusto Monterroso, comienza su ensayo ‘Lo demás es silencio’. Dice Monterroso:

Aquí yace Eduardo Torres

Quien a lo largo de su vida

Llegó, vio y fue siempre vencido

Tanto por los elementos

Como por la naves enemigas.


Pero, a partir de la crisis, prefiero acabar con las palabras de Bernard Shaw:

‘Vosotros veis las cosas y os preguntáis: ¿Por qué?

Pero yo sueño cosas que nunca existieron y me pregunto: ¿Por qué no?’.